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CUANDO EL MERCADO TIENE VISIBILIDAD, ÚSALA

  • Foto del escritor:  private@jnaranjoprivateoffice.com
    private@jnaranjoprivateoffice.com
  • 13 abr
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: hace 1 día

Hay algo que los últimos tres años han dejado muy claro para quienes gestionamos patrimonio con visión de largo plazo: la liquidez tiene un coste que no aparece en ningún estado de cuenta.


No me refiero al coste de oportunidad en sentido abstracto. Me refiero a algo más concreto e incómodo: el coste de estar disponible para un mercado que, en momentos de tensión, premia al vendedor y castiga al comprador. Quien necesita liquidez en 2022 vende renta fija con pérdidas. Quien la necesita en 2020 vende renta variable en mínimos. La liquidez, bien gestionada, es una herramienta. Mal gestionada, es una trampa.


Esta reflexión no es teórica. Es el punto de partida de por qué algunas de las estructuras patrimoniales más sofisticadas del mundo llevan décadas construyendo una parte de su cartera en activos que deliberadamente renuncian a esa liquidez —y que a cambio exigen algo más valioso: visibilidad real sobre lo que se posee..

“La liquidez, bien gestionada, es una herramienta. Mal gestionada, es una trampa.”

EL PROBLEMA CON LOS MERCADOS COTIZADOS EN ESTE MOMENTO


Los grandes índices cotizan con valoraciones que descuentan escenarios que nadie sabe con certeza si se van a producir. La renta fija ha recuperado atractivo, pero en un entorno donde la trayectoria de tipos sigue siendo incierta y donde la deuda pública de las economías desarrolladas acumula tensiones estructurales que no desaparecen con un recorte del BCE. El oro ha tenido un comportamiento extraordinario, pero comprar oro en máximos históricos no es una decisión de preservación de capital —es una decisión especulativa disfrazada de conservadurismo.


En este contexto, la pregunta relevante no es “¿qué activo tiene mejor momentum?” sino “¿qué activo tiene un comportamiento más predecible independientemente del ciclo?”


La infraestructura privada tiene una respuesta para esa pregunta que pocos activos pueden igualar. No porque sea inmune a los ciclos —nada lo es— sino porque su lógica de generación de valor es estructuralmente diferente: contratos a largo plazo, monopolios naturales, ingresos indexados a la inflación, activos que los países no pueden permitirse que dejen de funcionar. Esa esencialidad no es un argumento de marketing. Es la razón por la que su volatilidad histórica se mueve en el entorno del 2% mientras la renta variable global supera el 10%.



POR QUÉ AHORA, Y POR QUÉ SECUNDARIOS

AQUÍ ES DONDE LA CONVERSACIÓN SE PONE INTERESANTE.


El mercado primario de infraestructuras lleva años atrayendo capital institucional. El resultado es que los gestores de primer nivel tienen carteras maduras, inversores que quieren rotar y activos que han superado su fase de construcción de valor. Eso crea un mercado secundario que antes no existía con esta profundidad —y que hoy ofrece algo que el primario nunca puede ofrecer: compras algo que ya puedes analizar.


No es una promesa de retorno. Es un historial. No es una tesis de inversión. Es una cartera real, con activos reales, con contratos firmados y flujos de caja verificables. El análisis que hacemos antes de comprometer capital no es proyección. Es due diligence sobre algo que ya existe.


La consecuencia práctica es doble. Primero, se elimina o reduce drásticamente la curva J —ese período inicial donde el capital está comprometido pero los retornos son negativos o nulos. Segundo, el descuento al que suelen negociarse estas participaciones respecto al NAV del fondo subyacente crea un margen de seguridad que el mercado primario no puede ofrecer por definición.


Es, en términos de perfil riesgo-retorno, uno de los puntos de entrada más racionales que existen en el universo de activos privados.



LO QUE ESTOY ANALIZANDO PARA CARTERAS SELECTAS


AltamarCAM Partners —gestora con más de veinte años de trayectoria en activos privados y uno de los referentes europeos en estrategias de secundarios— tiene abierta la ventana de acceso a su segundo vehículo especializado en secundarios de infraestructuras: ACP Infrastructure Opportunities II.


Lo que hace relevante este momento concreto es que la cartera ya está parcialmente construida. Diez transacciones cerradas, treinta y dos activos subyacentes, una valoración actual que ya refleja una apreciación positiva desde el inicio. El inversor que entra hoy no financia la construcción de algo. Entra en algo que ya funciona, con visibilidad sobre el pipeline de inversiones futuras y con un equipo gestor —14 profesionales especializados, tasa histórica de fallidos cero— que lleva una década ejecutando esta estrategia con disciplina.


El horizonte es de nueve años. El objetivo de rentabilidad neta, entre el 11% y el 15% TIR. El cierre final del fondo está previsto para el segundo trimestre de este año.



UNA ÚLTIMA CONSIDERACIÓN


No todos los inversores para los que gestionamos mandatos deberían estar en este fondo. La iliquidez tiene un precio real, y comprometer capital a nueve años requiere una estructura patrimonial que pueda permitírselo sin tensiones. Esa conversación —cuánto, en qué contexto de cartera, con qué expectativas de liquidez— es la que me interesa tener antes que cualquier otra.


Lo que sí puedo decir con convicción es que, para quien tiene esa estructura y ese horizonte, pocas oportunidades en este momento ofrecen la combinación de visibilidad, protección y retorno potencial que ofrece este tipo de activo en este momento del ciclo.

Si quiere profundizar, estoy disponible.
Puente de infraestructura moderna al atardecer, símbolo de estabilidad, conexión y resiliencia en inversiones de largo plazo.

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